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Biodiversidad y ganadería: el espacio que les quitamos

La cría de animales ocupa la mayor parte de la tierra agrícola del mundo y aporta una fracción pequeña de las calorías. Su relación con la crisis de biodiversidad.

Foto: Dietmar Rabich · CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Si pudieras poner en una balanza a todos los mamíferos del planeta, verías algo inquietante. Según un estudio publicado en 2018, los animales criados para consumo representan alrededor del 60 % de la biomasa de mamíferos; las personas, un 36 %; y todos los mamíferos silvestres juntos, desde ballenas hasta ratones, apenas un 4 %. Con las aves pasa algo parecido: las aves de corral pesan más del doble que todas las aves silvestres. Esa balanza cuenta una historia de espacio. Y de quién se lo quedó.

En pocas palabras

  • IPBES estimó en 2019 que alrededor de un millón de especies están amenazadas de extinción.
  • El cambio de uso del suelo, sobre todo para producir alimentos, es la principal causa.
  • La cría de animales usa cerca del 83 % de la tierra agrícola y aporta el 18 % de las calorías del mundo.
  • Una alimentación vegetal podría liberar enormes superficies para que la naturaleza se recupere.

El informe que encendió la alarma

En 2019, la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), el equivalente para la naturaleza de lo que es el IPCC para el clima, publicó la evaluación más completa hecha hasta entonces. Cientos de especialistas revisaron miles de estudios y llegaron a una conclusión difícil de ignorar: cerca de un millón de especies de animales y plantas están en riesgo de extinción, muchas en las próximas décadas.

El informe ordenó las causas por su peso. La primera es el cambio en el uso de la tierra y el mar: bosques, humedales y pastizales que se convierten en campos de cultivo y potreros. Le siguen la explotación directa de especies, el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras.

Mucha tierra, pocas calorías

En 2018, Joseph Poore y Thomas Nemecek publicaron en Science el análisis más grande sobre el impacto ambiental de los alimentos, con datos de casi 40.000 granjas de 119 países. Encontraron que la cría de animales usa alrededor del 83 % de la tierra agrícola del mundo, entre pastizales y cultivos para forraje, y aporta solo el 18 % de las calorías y el 37 % de las proteínas que consume la humanidad.

El mismo estudio estimó que si el mundo adoptara una alimentación vegetal, la superficie agrícola podría reducirse en alrededor de un 75 %: un área equivalente a Estados Unidos, China, la Unión Europea y Australia juntos.

Del bosque al potrero

En la Amazonía, la mayor parte de la superficie deforestada termina convertida en pastizal para ganado. En el Gran Chaco, que comparten Argentina, Paraguay y Bolivia, el avance de la ganadería y la soya para forraje se cuenta entre los principales motores de la pérdida de bosque. Cada hectárea que cambia de uso desplaza a jaguares, osos hormigueros, aves y miles de especies menos visibles.

El Índice Planeta Vivo de WWF de 2024 estimó una caída del 73 % en la abundancia relativa de las poblaciones de vertebrados monitoreadas entre 1970 y 2020. Es un índice construido con series de seguimiento: no significa que haya desaparecido el 73 % de todos los animales o de las especies del planeta.

Más allá de la tierra

La ganadería también afecta a la biodiversidad por otras vías. El exceso de nitrógeno y fósforo de los fertilizantes y del estiércol llega a ríos y costas, donde genera zonas sin oxígeno. Los conflictos con depredadores, como pumas o zorros, terminan muchas veces en su caza. Y en el mar, la pesca industrial y la acuicultura presionan a especies que ya están al límite.

Devolver el espacio

Elegir más alimentos vegetales puede reducir la demanda de suelo agrícola frente a patrones con mayor consumo animal. Que esa superficie se recupere como hábitat requiere además protección, restauración y políticas que eviten su conversión a otros usos. No ocurre automáticamente por cada plato.

Proteger la biodiversidad no depende solo de crear parques nacionales. Depende también de lo que decidimos poner en la mesa tres veces al día.

Preguntas frecuentes

¿La soya no destruye también la biodiversidad?

Sí, cuando reemplaza bosques. Pero más de tres cuartos de la soya del mundo se usa para alimentar animales de granja, no para tofu ni bebidas vegetales. Comer plantas directamente necesita mucha menos soya.

¿Qué pasa con la ganadería en pastizales naturales?

Incluso ahí desplaza fauna silvestre, compite por el agua y suele impulsar la caza de depredadores. Además, su producción por hectárea es muy baja, lo que exige grandes superficies.

¿La pesca también afecta a la biodiversidad?

Mucho. La sobrepesca, la captura incidental de delfines, tortugas y aves, y la destrucción de fondos marinos por redes de arrastre están entre las principales amenazas para la vida en el mar.

¿Qué puedo hacer además de cambiar mi alimentación?

Apoyar la protección de bosques y humedales, informarte sobre el origen de lo que compras y sumarte a campañas que exigen políticas de restauración.

Fuentes

  1. IPBES, Global Assessment Report on Biodiversity and Ecosystem Services (2019)
  2. Poore, J. y Nemecek, T., «Reducing food's environmental impacts through producers and consumers», Science (2018)
  3. Poore y Nemecek, «Reducing food’s environmental impacts through producers and consumers», Science (2018)
  4. Bar-On, Y. M., Phillips, R. y Milo, R., «The biomass distribution on Earth», PNAS (2018)
  5. WWF, Informe Planeta Vivo (2024)