En 1945, al recibir el Premio Nobel por descubrir la penicilina, Alexander Fleming advirtió que usar mal los antibióticos podía enseñar a las bacterias a resistirlos. Ochenta años después, su advertencia se cumplió. La resistencia a los antimicrobianos tiene múltiples causas, incluido el uso inadecuado en salud humana y en animales. La producción animal es una de las áreas donde reducir el uso rutinario puede ayudar.
En pocas palabras
- Una proporción importante de los antimicrobianos se usa en animales criados para consumo; las estimaciones dependen del año, los países y la medida utilizada.
- En 2019, la resistencia bacteriana causó directamente 1,27 millones de muertes humanas, según The Lancet.
- La Organización Mundial de la Salud la considera una de las principales amenazas para la salud pública.
- Reducir el uso innecesario de antimicrobianos y mejorar la prevención de infecciones son medidas de salud pública.
Por qué una granja necesita tantos antibióticos
En la cría intensiva, miles de animales comparten espacios cerrados, respiran el mismo aire y viven sobre sus propios desechos. Las condiciones de manejo y bioseguridad influyen en cómo se propagan las infecciones.
Los antibióticos se usan entonces de tres maneras: para tratar a animales enfermos, para prevenir enfermedades en grupos completos que todavía están sanos y, en algunos países, para acelerar el crecimiento. El uso para promoción del crecimiento y la prevención rutinaria en animales sanos preocupa por su contribución potencial a la resistencia; las pautas concretas varían según el país y el sistema de producción.
La OMS recomienda dejar de usar antimicrobianos de importancia médica de forma rutinaria para promover el crecimiento o prevenir enfermedades en animales sanos.
Cómo aprenden a resistir las bacterias
Cada vez que un antibiótico entra en contacto con una población de bacterias, mueren las más sensibles y sobreviven las que tienen alguna ventaja. Esas sobrevivientes se multiplican y, además, pueden compartir sus genes de resistencia con otras bacterias, incluso de especies distintas.
Las bacterias resistentes no se quedan en el galpón. Salen en el estiércol que se usa como abono, en el agua que escurre hacia ríos y napas, en la carne que llega a las cocinas y en las manos de quienes trabajan con los animales. En 2015, investigadores detectaron en cerdos de China un gen que daba resistencia a la colistina, un antibiótico que los hospitales guardaban como último recurso. Poco después, ese gen apareció en muestras de personas en distintos continentes.
El costo en vidas humanas
En 2022, la revista The Lancet publicó la estimación más completa hasta entonces: en 2019, las infecciones resistentes causaron directamente 1,27 millones de muertes en el mundo y estuvieron asociadas a casi cinco millones. Es una cifra comparable a la de enfermedades que reciben mucha más atención pública.
La Organización Mundial de la Salud incluye la resistencia a los antimicrobianos entre las principales amenazas para la salud mundial. Sin antibióticos eficaces, una cirugía de rutina, un parto por cesárea o un tratamiento contra el cáncer se vuelven mucho más riesgosos.
Lo que ya se hizo y lo que falta
La Unión Europea prohibió en 2006 el uso de antibióticos como promotores de crecimiento y, desde 2022, restringe su uso preventivo en grupos de animales. Otros países avanzan con planes nacionales y registros de venta. Estas medidas deben acompañarse de prevención de infecciones, vigilancia y mejoras en las condiciones de cría.
Una sola salud
El enfoque de Una Salud, que promueven la OMS y otros organismos internacionales, parte de una idea sencilla: la salud de las personas, la de los animales y la del ambiente están conectadas. Las condiciones de cría y el uso de antimicrobianos forman parte de los factores que deben vigilarse para prevenir infecciones y resistencia.
La respuesta requiere medidas coordinadas en medicina humana, veterinaria, agricultura y ambiente. Elegir qué consumir también puede formar parte de la conversación pública sobre esos sistemas.
Preguntas frecuentes
¿La carne tiene restos de antibióticos?
Existen plazos de espera para que los residuos bajen antes de matar a los animales, y se hacen controles. El problema principal no son esos residuos, sino las bacterias resistentes que se generan en las granjas y circulan por el ambiente y los alimentos.
¿La carne «sin antibióticos» resuelve el problema?
Reduce una parte del uso, pero mantiene la cría y la matanza de animales y, en muchos casos, las mismas condiciones de hacinamiento. Las alternativas vegetales no requieren antibióticos en la cría de ese animal, pero la resistencia antimicrobiana tiene otras fuentes y exige medidas más amplias.
¿Qué puedo hacer yo?
Reducir o dejar el consumo de productos animales, usar antibióticos solo cuando un profesional los indica, completar los tratamientos tal como se prescriben y apoyar políticas que limiten su uso en granjas.
¿Esto pasa también en la acuicultura?
Sí. La acuicultura también usa antimicrobianos; el tipo y la cantidad cambian según país y ciclo productivo. Su uso y sus efectos ambientales deben evaluarse con datos oficiales.
Fuentes
- OMS, directrices sobre antimicrobianos en animales destinados a la alimentación (2017)
- Antimicrobial Resistance Collaborators, carga mundial de resistencia bacteriana en 2019 (The Lancet, 2022)
- Organización Mundial de la Salud, nota descriptiva sobre resistencia a los antimicrobianos
- Fleming, A., discurso de aceptación del Premio Nobel de Medicina (1945)
- Liu, Y.-Y. et al., «Emergence of plasmid-mediated colistin resistance mechanism MCR-1», The Lancet Infectious Diseases (2016)






